El síndrome del impostor
Tiempo estimado de lectura: 3 minutos
Hay una situación que se repite más de lo que imaginamos.
Recibes un mensaje de un artista al que admiras desde hace años.Dice que está pinchando uno de tus temas. En lugar de disfrutar el momento, la primera reacción suele ser otra: *«Seguro que
ha sido casualidad».*
Nuevo lanzamiento. Entra en el Top 10. La alegría dura unas horas. Después aparece la voz de siempre: *«La siguiente no funcionará igual.»*
No es falta de humildad. Tampoco falta de confianza.Es el síndrome del impostor. Y probablemente ha acompañado a más DJs y productores de los que estaríamos dispuestos a admitir.
Vivimos en una industria donde casi todo se mide. Reproducciones, ventas, seguidores, posiciones en Beatport, festivales, sellos, agencias, portadas, reposts… Siempre hay un número dispuesto a decirte cuánto «vales». El problema es que esos números nunca son suficientes para quien ya duda de sí mismo.
Porque el síndrome del impostor tiene una característica muy curiosa: ningún logro consigue convencerlo.
Publicas en el sello con el que soñabas.Ahora piensas en el siguiente. Llegas al festival que llevabas años imaginando.Ahora te preguntas si volverán a llamarte.
Alguien a quien admiras habla bien de tu música. Asumes que simplemente estaba siendo amable. Nunca hay una línea de meta. Solo otra excusa para seguir dudando.
Lo paradójico es que este problema suele aparecer precisamente en quienes más trabajan. Quien deja horas en el estudio y no creando contenido para redes.
Mientras tanto, otros con bastante menos preparación avanzan con una seguridad que parece inquebrantable. No porque sean mejores sino porque dudan menos.
Con los años he aprendido que la confianza no siempre acompaña al talento. De hecho, muchas veces viajan por separado.
Hay artistas extraordinarios convencidos de que han tenido suerte y artistas mediocres absolutamente convencidos de ser genios.
La industria no premia necesariamente al que menos duda. Pero tampoco espera a que desaparezcan todas tus inseguridades para darte una oportunidad.
Quizá por eso uno de los mayores errores sea esperar el momento en que te sientas preparado. Ese momento casi nunca llega.
Siempre habrá alguien con mejor estudio, más contactos, un catálogo más grande o más seguidores. Si conviertes esas comparaciones en el criterio para valorar tu carrera, vivirás con la sensación
permanente de ir por detrás. La comparación tiene una trampa. Y es que siempre miramos hacia arriba y nunca hacia atrás.
Olvidamos al productor que éramos hace cinco años o el dj que éramos en los inicios. Solo vemos el siguiente escalón y eso hace imposible disfrutar del camino.
Quizá la pregunta no sea si alguna vez dejarás de sentirte un impostor y quizá la pregunta sea: ¿Vas a dejar que esa voz decida por ti por miedo a no estar a la altura?
Y la realidad es muy simple.
la carrera de un DJ no la construye quien nunca duda. La construye quien aprende a avanzar incluso cuando las dudas siguen ahí.



