RUBOY – CUANDO EL SONIDO SE CONSTRUYE, NO SE IMITA
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Hay artistas que llegan a la música electrónica siguiendo una tendencia. Y luego están los que crecen dentro de ella.
Ruboy pertenece claramente al segundo grupo.
Hablar de Ruboy es hablar de una generación que no tuvo accesos inmediatos, ni tutoriales, ni caminos rápidos. Es hablar de Atari, de hardware, de vinilos planchados cuando eso significaba algo más que subir un archivo. Es hablar de una época en la que el sonido se construía desde cero, con paciencia, criterio y muchas horas.
Su historia arranca a principios de los 90, cuando la música ya formaba parte de su entorno familiar. A partir de ahí, todo fue una evolución natural. No hubo un momento concreto que lo empujara a convertirse en artista. Simplemente ocurrió.
En 1993 ya tenía arreglos prensados en vinilo. Poco después, nombres como Sistema 3 y estructuras como Max Music lo introducen en la industria discográfica. Y en 1998 da el paso definitivo: independencia y carrera profesional. Sin atajos.
Con el paso de los años, Ruboy ha construido una identidad sólida dentro del Hard Dance, un terreno donde es fácil caer en fórmulas repetidas. Sin embargo, su enfoque siempre ha sido otro: encontrar su propio sonido dentro del estilo.
Porque, como él mismo define, llega un punto en el que dejas de intentar sonar a algo… y empiezas a sonar a ti mismo.
Ese equilibrio entre respeto por el género y personalidad propia es lo que define su trayectoria. Una trayectoria que no solo se ha quedado en el ámbito nacional, sino que ha cruzado fronteras, especialmente hacia Holanda, cuna del hardcore europeo.
Uno de los momentos más significativos de su carrera llega precisamente desde allí. No solo por editar en sellos internacionales, sino por algo más simbólico: ver cómo uno de sus temas es pinchado en un festival por Hardwell.
A eso se suma el remix aniversario de “Zombie”, junto a figuras clave como Catscan y Korsakoff, en colaboración con Markos 13.
Pero si hay una pieza que conecta directamente con la memoria colectiva de toda una generación es Flying Free, junto a Escudero y con la voz de Marian Dacal. Un himno absoluto de la escena makina que, décadas después, sigue acumulando cifras masivas, superando los 30 millones de reproducciones en plataformas digitales.
Un track que no solo marcó una época, sino que sigue definiendo lo que fue , y sigue siendo, la cultura makina.
Pero si hay algo que define a Ruboy más allá de los logros, es su relación con el sonido.
Su estudio es, literalmente, una extensión de su historia. No es casualidad encontrar máquinas como K2000, Akai S1000, Virus, Waldorf o clásicos como la TR-707 o el Korg M1. No están ahí por estética ni por nostalgia. Están porque forman parte de su manera de entender la música.
Produce en Cubase, sí. Pero lo importante no es el software. Es su propia librería de sonidos.
Ese archivo personal que, con los años, se convierte en la verdadera firma de un artista.
Porque al final, más allá de plugins o tendencias, tener un sonido propio es lo que realmente marca la diferencia.
Actualmente, Ruboy canaliza toda esa experiencia en sus propios proyectos.
Por un lado, Makina Station, su sello discográfico, donde sigue apostando por el formato físico y el valor del vinilo. Por otro, Factoría Makina, una plataforma que conecta directamente con su comunidad y su visión del género.
Lejos de depender de terceros, construye sus propias estructuras.
Y eso, en la escena actual, ya es una declaración de intenciones.
Además, su figura sigue plenamente vigente dentro de la cultura del género, participando en nuevos proyectos como un próximo documental centrado en la historia de la música makina, donde su trayectoria forma parte de ese relato colectivo que explica toda una escena.
Hay una frase que resume perfectamente su forma de entender la música: Crear no es una opción. Es una necesidad.
Esa necesidad es la que también explica su visión del mundo. El estudio como refugio. Como lugar donde abstraerse del ruido exterior. Donde todo vuelve a tener sentido.
Porque si algo queda claro tras hablar con Ruboy, es que su relación con la música no es profesional. Es vital.
En un contexto donde la escena cambia constantemente, donde aparecen nuevos estilos, nuevas tendencias y nuevas formas de consumir música, su postura es clara: adaptarse, sí, pero sin perder el criterio.
Y quizá ahí está una de las claves de su discurso. Menos apariencia. Más verdad.
Para quienes empiezan, su consejo es directo y sin adornos: paciencia, trabajo, criterio… y saber rodearte bien.
Porque esto no va de llegar rápido. Va de mantenerse.
NODIVADJS #928 no es solo una entrevista.
Es un recordatorio de cómo se construye una carrera real dentro de la música electrónica.
Sin postureo. Sin atajos. Con identidad.
Nos escuchamos en la escena.






