DOC JOTA: “Al lector no le debo nada”

Tiempo estimado de lectura: 28 minutos

Doc Jota empezó a escribir de rap con 13 años, en foros. Desde entonces ha abierto y cerrado blogs, ha desaparecido un par de años y ha vuelto, y hoy publica un artículo a la semana en su Patreon desde Murcia. No vive de ello. Lo hace, dice, porque le apasiona.

En España hay muy poca crítica de rap, y la que hay se cuenta con los dedos de una mano. Por eso me interesaba hablar con él. Defiende que un crítico no es un periodista, que no debe nada a los artistas y que la distancia con la industria es más cómoda que incómoda. Sostiene que el acceso no se compra, y lo dice en un ecosistema donde reaccionadores, tiktokers y «embajadores del artista» han sustituido casi por completo a quien escucha, piensa y argumenta.

Hablamos de vetos, de linchamientos que se disfrazan de crítica, de gurús que cambian de cultura cuando cambia el mercado, de si pagar cinco euros al mes por leer a alguien es mucho pedir y de para qué sirve todo esto si, al final, la canción más floja de cualquier rapero va a calar más que el mejor texto que escribamos.

 

Empezaste a escribir a los 13 años en foros de rap, abriste y cerraste blogs, no escribiste nada en 2018 y 2019, y desde 2023 estás en Instagram y desde 2025 en Patreon. Después de tantos formatos, ¿qué ha cambiado en lo que significa ser crítico? ¿Qué te hizo volver en 2020 y qué te hace seguir?

Yo creo que lo que significa ser crítico no ha cambiado desde que empecé a divulgar. Los críticos seguimos estando en el texto y en YouTube, que son los medios que te permiten argumentar bien una postura, analizar bien un disco y darle contexto. Ahora los formatos imperantes son los Reels de Instagram y TikTok, pero ahí no encuentras a los críticos.

Lo que sí cambió la crítica fue la llegada de internet, hace más de 25 años. Antes, la gente leía una crítica para saber qué disco comprarse esa semana, y desde entonces ya no cumple esa función. Pero sigue teniendo otra importante: generar un espacio de conversación y de debate en torno al disco.

En mi caso, lo que ha cambiado es que ahora me sigue mucha más gente. Lo que escribo tiene más peso y genera conversación. Y en mi contexto, que es el rap en España, quienes escribimos críticas de discos de rap de forma constante se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos. En el mundo anglosajón y en EE. UU. hay muchos más críticos. Creo que por eso algunos artistas todavía ven la crítica casi como una amenaza, de “ya viene este a joderme el disco”, porque no es lo normal. Sigue habiendo muy poca crítica musical, sobre todo en el ambiente en el que me muevo, el del rap y la llamada “música urbana”.

Volví en 2020 porque ese año regresó mi dúo favorito de rapero y productor, Blu & Exile. En 2007 sacaron Below the Heavens, uno de los discos de mi vida, una obra maestra. En 2012 sacaron otro y después estuvieron ocho años sin publicar un álbum. Cuando supe que en 2020 iban a sacar uno nuevo, me puse en contacto con Blu, al que ya había entrevistado en 2012, y le hice otra entrevista, además de escribir un análisis del disco.

El estilo de Blu & Exile es un rap consciente, luminoso, un rap bonito. Con el contexto de aquel momento, la pandemia y el confinamiento, me pareció el disco que el mundo del rap necesitaba, y por eso decidí que era el momento oportuno para volver a la divulgación. Además, Blu me parece una leyenda, uno de los mejores raperos de la historia. Hay muy pocos con una discografía como la suya, tanto en cantidad como en calidad. Esa fue la razón principal.

¿Y por qué sigo escribiendo hoy? Porque me encanta: es mi hobby y mi pasión principal. Cada vez llego a más gente, me lee más gente, recibo mucho feedback positivo y cada vez hay más personas que aprecian lo que hago, lo cual es una motivación para seguir. La otra razón es que hace dos años me propuse ser más constante con la divulgación, así que creé un Patreon y empecé a escribir como mínimo un artículo a la semana. Los miembros de pago son también un buen empujón para mantenerme y seguir fuerte con la crítica y la divulgación musical.

Siempre he tenido la idea fija de que periodismo y crítica son dos cosas diferentes. A veces confluyen. Yo me considero más crítico musical, pero hay veces que escribo cosas con interés periodístico. El mes pasado, por ejemplo, publiqué un reportaje de 9.000 palabras en el que hablaba con raperos y productores de España y de Nueva York. Y también hay periodistas que escriben críticas de discos. Pero para mí son dos abordajes distintos. Hay muchas maneras de hacer divulgación y todas son igual de válidas y de importantes.

Si tuviera que definir el periodismo, para mí es estar en el sitio. Obviamente, estar cerca de un artista y tener confianza con él te da acceso a escribir cosas muy interesantes. Una de las películas favoritas de los melómanos es Casi famosos, basada en un adolescente que escribía para Rolling Stone y se fue de gira con una banda de rock de los 70. Ese tipo de acceso te puede dar material increíble para un reportaje o un documental. Pero no creo que, para hacer buen periodismo, o para escribir un buen artículo o una buena crítica, tengas que estar en contacto con los artistas ni tener cercanía con ellos.

Esta semana, en los ratos libres por la tarde, me ha dado por desempolvar mi colección de revistas Serie B, que para mí es la mejor revista de hip hop que se ha hecho en España. Me leí un artículo de Gonzalo Olla sobre el rap chicano, de 2007, y no creo que él estuviera viviendo en California. El artículo me parece increíble. En su época era un artículo muy de nicho, y leído ahora tiene un valor enorme. Está hecho a partir del conocimiento que has adquirido leyendo, viendo documentales, escuchando discos y entendiendo lo que escuchas. No cualquiera puede escribir ese tipo de piezas. Por eso no creo que haga falta estar en contacto con los artistas ni tener acceso directo a ellos para hacer un buen trabajo de divulgación.

Por cierto, entrevisté a Alejandro G. Calvo y me dijo justo esto mismo sobre la distinción entre periodista y crítico musical. Yo pensaba que era una obsesión mía, pero me alegró ver que entre frikis nos entendemos.

Dices que nunca te ha interesado hacer amistades en la industria y que esa distancia define tu perspectiva. ¿Se pierde algo de contexto al escribir de música sin tratar con quienes la hacen?

Para mí la línea está en que el acceso a ese artista y a esa obra no condicione lo que vas a escribir luego sobre él. La independencia no consiste tanto en aislarte de la industria como en relacionarte con ella sin deberle nada.

Un crítico musical no puede tener demasiada confianza con los artistas. Tiene que mantener las distancias, y creo que además es más cómodo.

Aun así, reconozco que es difícil por lo precaria que es la industria del periodismo. Los medios para los que escriben periodistas y críticos, muchas veces, dependen del dinero de las agencias o de los sellos de esos artistas para subsistir. Lo entiendo, y me parece comprensible.

Pero para mí un crítico musical, sobre todo aquí en España, donde la situación es todavía más precaria que en Estados Unidos, tiene que ser cien por cien independiente y tener su propio blog, su Patreon, su cuenta de Instagram y su canal de YouTube. Para mí eso es lo ideal.

NDD-https%3A%2F%2Fsubstack post media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fe00dfa8d a22b 4d15 beb0

Defiendes que el acceso no debe comprarse. Pero hablar con artistas, ir a presentaciones o recibir material también da información. ¿Dónde está la línea entre cercanía legítima y deuda implícita? Cuentas que tras tu crítica negativa el propio artista se suscribió a tu Patreon para leerla. ¿Es una excepción o prueba de que la honestidad puede abrir diálogo? ¿Qué habría pasado en una escena pequeña, donde la respuesta habitual es el veto o el bloqueo?

En el caso de aquél artista creo que es una excepción, un asterisco, no la norma. Me gustaría poder decir en el futuro que me ha vuelto a pasar, pero ya veremos. A la vez, demuestra que la honestidad, el respeto y entender la función de un crítico abren puertas al diálogo, y eso me parece positivo, porque vivimos una era de polarización. Contrasta con otros muchos casos que se dan cada año, en los que el artista, a raíz de una crítica, expone los mensajes privados del crítico, como pasó con Albany. En Estados Unidos incluso han doxeado a críticos: han revelado dónde viven o han llamado a su lugar de trabajo para acosarlos a ellos, a sus compañeros o a sus jefes. Hace poco escuché un pódcast, Critical Minded, que hacen críticos y es muy de nicho, pero muy interesante para cualquiera a quien le guste todo esto. Hablan de todos estos casos.

Sobre qué habría pasado en una escena pequeña: este caso lo ubico dentro de la escena del rap y del urbano español. Era un artista emergente que había sacado su primer disco y no tenía mucha repercusión cuando publiqué la crítica. Me pareció interesante abordarlo porque tiene amigos bastante conocidos que dieron mucho bombo al trabajo, y a mí el disco no me pareció gran cosa. Lo interesante era analizar el caso.

Pero hay muchos ejemplos en sentido contrario. He leído que periodistas de El País hicieron crónicas de conciertos de Alejandro Sanz, la crónica fue negativa y los vetaron en futuras ocasiones. También conozco a gente del rap español que hizo la crónica de un concierto de un rapero en un recinto grande, creo que en el WiZink, y la mánager le escribió para decirle que se olvidara de pedir más acreditaciones. Son cosas que, lamentablemente, siguen pasando a día de hoy y seguirán pasando. Los artistas y sus equipos de prensa no toleran la crítica, y desgraciadamente no la tolerarán.

También pasa con la música electrónica. Los mismos que reciben premios como productores o DJs son también colaboradores y redactores, y los mismos que llevan los premios premian a otros artistas amigos. El resultado es sectario y, como cultura, inofensivo: solo palmaditas en la espalda, no méritos reales. Es todo una proyección onanista. ¿Cómo ves la deriva de esta tendencia en las plataformas? ¿Y crees que se está haciendo todo un poco más autoconsciente y crítico, o seguirá pudiendo el mercado y el sectarismo?

Eso que comentas es un clásico de cualquier ámbito cultural. Te puedo nombrar el ejemplo de la revista Hip Hop Nation, que luego pasó a llamarse Hip Hop Life. La llevaba WH y en ella solo colaboraban amigos suyos y gente de su círculo. Para que te hagas una idea, ocasionalmente escribía Dana.

A eso se suma que en España el rap hegemónico, el que caló a un nivel más mainstream, siempre fue el boom bap grimey de la costa este. Todo lo que se salía de ese estilo no se valoraba ni se trataba con el contexto que merecía en los 2000. Eso duró hasta que llegó el boom del trap, que cambió un poco el paradigma. Por eso gente como Chiri Vegas, Jaco Muñoz, Sandy y toda la gente de Ugly Works ha sido reivindicada años más tarde. Así que sí, hay cierto sectarismo.

En cuanto a las plataformas nuevas, te puedo poner el ejemplo de Los Chavales, una pareja de reaccionadores que se hizo popular en la pandemia, que fue un punto de inflexión en la escena a muchos niveles, tanto en la divulgación como entre los artistas. Esta pareja ha montado una empresa. Con los años han dejado de reaccionar y tienen un pódcast en el que colaboran otros tiktokers, streamers y divulgadores. Cada uno tiene sus propios canales, y en ellos entrevistan y dan cabida a uno de estos reaccionadores porque, casualmente, ha dejado de ser streamer y está jugando a ser artista: saca música. Entonces estos “divulgadores”, entre comillas, le dan bola en sus canales. Me parece una endogamia brutal.

Sobre si todo se está volviendo más autoconsciente y crítico, o si seguirá pudiendo el mercado y el sectarismo, creo que, precisamente por este caldo de cultivo de las reacciones y del contenido amable, la gente está más interesada en leer o ver críticas de discos y artistas hechas desde el criterio y el conocimiento. Porque ya me dirás tú qué criterio y qué interés tiene ver a un reaccionador reaccionando a un disco sentado en el sofá con el artista al lado. ¿Qué tipo de crítica va a haber ahí? Este caldo de palmeros y de medios altavoces ha hecho que haya un poco más de interés en la crítica, y creo que los algoritmos de plataformas como Instagram mueven este tipo de contenido más crítico. Pero la industria siempre va a seguir ejerciendo su influencia, y va a seguir habiendo endogamia mediática, sectarismo, etcétera.

Total, y cada vez veo más gente que asume lo que conlleva la crítica: perder bolos, invitaciones, que te veten de clubs, estar en las crews… es un camino más “caro”, más independiente, pero más honesto. Yo opté por esta opción, aunque significara perder otras tantas cosas. Al menos, la conciencia la tenemos tranquila. Creo que el elogio, los tibios y los palmeros son una respuesta a una industria precaria. Habla más mal que bien del estado en el que se encuentra

Por cierto, criticas aceptar “las migajas que reparte la industria a cambio de complacencia”. Tú vives de suscriptores. ¿Hay una forma de dependencia que consiste en complacer a tu audiencia? Barthes decía que la sociedad tolera mal que se la critique con placer, y quizá parte del público paga por ver cómo se desmonta algo.

Yo no vivo de suscriptores. Esto lo hago por hobby y llevo un par de años consiguiendo monetizarlo un poco. Aun así, para todo lo que escribo y las horas que le dedico a la semana, gano poco. Pero a la vez me parece un pequeño gran triunfo, porque pensaba que no se iba a suscribir nadie. Tenía la broma interna con colegas de que iba a tener que cerrarlo porque no tendría ni un suscriptor de pago. La cosa ha ido mejor de lo que esperaba.

Y ojalá poner un grano de arena, porque creo que hay que ir convenciendo a la gente de que no todo lo que está en internet tiene que ser gratis. Llevamos varias décadas con ese modelo y está claramente caduco. Solo hay que ver los medios musicales que han ido cerrando, los despidos en Pitchfork… te podría dar mil ejemplos. El periodismo musical, sobre todo el más especializado, no genera visitas, y las empresas dueñas de esos medios los han ido cerrando. Hay que acostumbrar a la gente a pagar por el contenido de calidad que disfruta. La gente lo ve como una barrera, pero si lo piensas, cinco euros al mes por escuchar un pódcast o leer cinco o seis artículos que sabes que vas a disfrutar es muy poco dinero: lo que te gastas en dos cervezas cuando sales.

Yo mismo, hace tres días, me suscribí a El Reverso, que para mí es el mejor pódcast de NBA en España. Lo llevan los dos mejores periodistas, es increíble. Lleva diez años: empezó en una radio local pequeña, pasó a la web oficial de la NBA y en los dos últimos años ha estado bajo el paraguas de Gigantes del Básquet. Ahora han decidido ser independientes. Son 4,99 € al mes por cuatro programas que sé que voy a disfrutar muchísimo, y no me lo pensé. Ojalá lo que estoy haciendo yo ahora sirva para que dentro de diez años salga un crítico especializado en rap que pueda vivir de escribir críticas de rap, de música urbana o de lo que sea.

Escribo lo que siento y lo que me apetece escribir. La única dependencia que tengo es ser constante: tiene que haber como mínimo un artículo cada semana para que lo puedan leer. Es verdad que este año quise darles un poco de decisión. Cumplían veinte años discos de rap que considero muy importantes, así que hice una encuesta con una lista de discos estadounidenses que salieron en 2006 y otra con discos de rap español, y escribiría la reseña del más votado. Me pareció un juego guay, darles poder de decisión de vez en cuando. Pero la verdad es que soy bastante libre y no tengo ninguna atadura en ese aspecto.

Tampoco creo que mis suscriptores de pago estén ahí para verme destrozar discos. Lo mío son las críticas de discos, pero no es todo lo que hago. También me gusta mucho contar historias. Hace un par de semanas publiqué un artículo sobre un libro de rap de 2001, que fue el precedente de la famosa web WhoSampled. Gustó bastante, porque es una historia a la que, si no estás muy metido en la cultura hip hop, no llegas. Ese libro solo se menciona de pasada en un artículo de Pitchfork y tiene página en Wikipedia, que confirma que existió, pero poco más. Hay que ser muy friki del tema para dar con ello. Para el artículo entrevisté a productores que considero leyendas y de los mejores ahora en España, y no conocían la historia de este libro. Así que, aparte de críticas, la gente está ahí para leer cualquier entrevista o artículo que yo quiera contar.

Sí es verdad que el público de Instagram es más moroso que mis suscriptores de pago en Patreon. De vez en cuando me llega algún mensaje del tipo «Buah, estoy esperando que destroces este disco», y ahí hay un punto de morbo. Pero creo que eso es más del público general. Los suscriptores de pago tienen más interés en conocer y en informarse bien.

Pones el caso Albany como ejemplo de cómo “hater” sirve para deslegitimar una reseña. Pero también hay críticas en manada que acaban siendo ragebait. ¿Cómo distingues una reseña argumentada de un linchamiento que se disfraza de crítica?

He visto pocas críticas bien argumentadas que considere ragebait. Yo asocio el ragebait más a Twitter, al hot take, a un TikTok o a un reel. Una crítica dura tiene que estar argumentada y ser coherente con el contexto del disco y con la trayectoria del artista.

Cuando un disco es muy malo, hay que restarle dramatismo, porque si un disco sale mal no se acaba el mundo. Por eso yo uso el humor y la ironía, soy un poco más ácido, para quitarle gravedad. Hay gente que se lo toma como un ataque gratuito, pero para mí es una manera de enfocarlo desde otra óptica.

Una crítica, aunque sea dura y contundente, tiene que estar bien fundamentada, escribirse desde el conocimiento y buscar también las notas positivas. Aunque un disco sea muy malo, siempre hay alguna canción, o un par, que te gustan, o algunos beats que están bien. Yo he escrito reseñas de discos a los que he dado un 3, y aun así hay que saber ver esas notas positivas en un disco que te parece horrible.

Si una crítica cumple todos esos requisitos, aunque sea desfavorable, para mí no es ni un ataque gratuito ni un linchamiento.

Sobre Abhir, dices que invitar a creadores que ya lo han apoyado convierte la escucha en validación. ¿Es una dinámica evitable o estructural? ¿Qué harías tú si un artista te abriera una puerta así?

Es una buena pregunta, y no sé si tengo una respuesta clara. Creo que es una dinámica evitable, pero el propio funcionamiento de la industria y la manera en la que se mueven los artistas favorecen este tipo de movimientos.

Te vuelvo a sacar el ejemplo de los reaccionadores, que son hoy los comunicadores musicales más populares. Todos ellos tuvieron un artista padrino que les tendió la mano cuando estaban empezando: les hizo una entrevista o una reacción en pantalla, o los invitó a su habitación de hotel durante el rollout de lanzamiento de su disco para comer allí o charlar. Se establece una relación que beneficia a ambos. Ahí me gusta traer el concepto de «embajador del artista en internet», porque ya no hablamos de periodistas, ni de críticos, ni de divulgadores, sino de embajadores del artista.

Te sorprendería hasta qué punto llega esto. Tengo constancia de que hay raperos bastante populares que utilizan a chavales de Twitter, que se hacen populares y ganan muchos seguidores diciendo tonterías y son bastante fanáticos. Estos artistas les filtran información sobre próximos lanzamientos para que la viralicen en Twitter. Me parece bastante cutre, pero hemos llegado a este punto. El concepto de embajador del artista es muy pospandemia.

No tengo problema en que exista contenido más ligero y propio del entretenimiento puro. El problema aparece cuando esos formatos se vuelven hegemónicos y populares. No sé hasta qué punto el público sabe diferenciar el periodismo de un contenido promocional o una publicación pagada. Creo que quienes hacen reels en Instagram, los tiktokers, los reaccionadores y los streamers deberían poner una etiqueta cuando un artista les haya pagado por reaccionar, hacer algún formato o una entrevista. Sería bastante esclarecedor, y es una transparencia que debería ocurrir ya.

Y si un artista me invitase a un evento como este, pues, para empezar, como vivo en Murcia solo subo a Madrid cuando viene algún artista de peso que me gusta mucho y tengo ganas de ver en concierto. Pero aunque viviera en Madrid, no creo que fuese, porque no me interesa ese tipo de faranduleo y de saraos. Me conformo con que el artista me envíe su disco en 320 kbps, en WAV o en FLAC, y escucharlo tranquilamente en casa. Cuando pasa eso, lo aprecio muchísimo. No necesito nada más que estar escuchando el disco con calma para luego poder analizarlo si me apetece. La verdad es que no soy de ese tipo de eventos.

El consejo de “ten cuidado con las críticas porque los artistas dejarán de colaborar” te preocupa por la autocensura. ¿No es también un reflejo de lo precario que es vivir de esto? ¿Es fácil exigir independencia cuando no dependes de las colaboraciones?

Entiendo perfectamente que haya influencers en Instagram o tiktokers que hagan contenido musical y quieran tener las puertas abiertas para colaborar con artistas y con marcas. Lo veo totalmente comprensible. Pero cuando empiezas a amasar cierta cantidad de público y de seguidores, te debes a ellos y tienes que ser transparente. Tienen que saber que lo que estás haciendo es una publicación pagada.

Creo que incluso quienes hacen el contenido más ligero, más banal y puramente promocional deberían hacer de vez en cuando algo más crítico y más honesto, porque en el fondo todos somos críticos. Cuando vas al cine y ves una película, sales y la comentas, para bien o para mal. Con un disco pasa lo mismo: le mandas un WhatsApp a tu colega diciendo «guau, vaya mierda de disco». Todos somos críticos en el fondo.

Por eso creo que a los comunicadores o streamers que hacen un contenido de puro altavoz de la industria les vendría bien, de vez en cuando, purgarse un poco y hacer algo más crítico. Porque el hip hop, en sus raíces, en sus inicios, es puramente crítico. Lo más hip hop que puede hacer un crítico, un divulgador, un comunicador, llámalo como quieras, es ser crítico y señalar ciertas actitudes. Ahí está el tema.

Hablas de un ciclo de gurús oportunistas: uno con el reggaetón, el otro con el trap, y ahora la fe. ¿Es hipocresía o un cambio legítimo en el caso de Ernesto Castro? ¿Es una forma de promoción que la academia legitime la cultura de moda?

Claro que lo de Ernesto Castro puede ser un cambio de fe legítimo y comprensible. Pero la manera que tuvo de comunicarlo me pareció extremadamente performativa, y casualmente coincidió con la visita del Papa a España.

A mí Ernesto Castro siempre me ha parecido un vulture: una persona ajena a la cultura hip hop que se interesó por ella con el boom del trap e intentó monetizarla con aquel libro que lanzó, en el que entrevistaba a C. Tangana, a Yung Beef y a Bad Gyal. Yo pienso que, cuando este tipo de figuras salen a la luz, tienen que conocer bien la cultura de la que hablan. Por muchas tablas que tengas, y es verdad que es un comunicador con bastante labia, es filósofo al fin y al cabo, tienes que conocer la cultura de la que estás hablando. Eso es lo que opino de él.

Aquí en España pasó también con Víctor Lenore, que en su momento se alzó en varios medios como el embajador del reguetón. Creo que se hizo popular, además, por algunas críticas duras a conciertos de C. Tangana, hacia 2017. Recuerdo que tuvieron un beef por Twitter porque Lenore criticó que llevaran chándals. Y, casualmente, en los últimos años Lenore ha dado un giro a la ultraderecha e incluso milita en un partido filofascista. Para que te hagas una idea de cómo este tipo de gurús oportunistas asoman la cabeza en cuanto ven que pueden aprovecharse de algo.

NDD-https%3A%2F%2Fsubstack post media.s3.amazonaws.com%2Fpublic%2Fimages%2Fc5d1c6b9 9da1 412e bfc3

Tu crítica a quien hace relaciones públicas disfrazadas de análisis ha tenido eco en gente como Daniel Caballero, que comentó tu publicación sobre el “marketing digital”. Dentro de un nicho tan pequeño, donde casi todos os conocéis o os leéis, ¿es posible criticar a los demás críticos sin que se convierta en una guerra de bandos? ¿Y a ti, quién te critica y cómo lo llevas?

Se puede criticar a otros críticos y divulgadores, y creo que es necesario. Yo lo hago, y me parece bien que lo hagan conmigo, siempre que sea desde el respeto, sin tirar shade y sin menospreciar el trabajo del otro.

La semana pasada, por ejemplo, publiqué un artículo sobre la estética neocastiza en la música española, a raíz del último vídeo de Judeline. Después he visto dos o tres posts en Instagram que no me mencionan directamente, pero que critican lo que expuse en ese artículo porque no están de acuerdo. Me parece perfecto, me parece de puta madre que pase. Me ha ocurrido otras veces: hace poco escribí una crítica sobre unos artistas y un medio publicó una contracrítica de una persona que no estaba de acuerdo. Es necesario, es sano y es lo que hay que hacer. Si yo lo hago, me parece perfecto que lo hagan conmigo, como te he dicho, siempre desde el respeto.

El mayor halago que me pueden hacer es que me digan: «No estoy de acuerdo con lo que has dicho, pero entiendo y agradezco que me hagas ver otra postura y otra lectura distinta a lo que yo pensaba». La crítica musical trata de eso, y quien la entiende ya lo tiene interiorizado.

Lo que no tolero es que un artista me escriba un mensaje privado rebuznando, aporreando el teclado del teléfono con una serie de mensajes y un rant interminable. Me parece correcto que un artista te rebata una opinión que has emitido sobre él o sobre los discos de sus amigos, pero hay que guardar las formas. Me ha pasado muy pocas veces, y he aprendido a no seguirles el juego: corto la comunicación con ese artista y lo dejo escribir. Hay artistas que, después de esos sucesos, me siguen escribiendo cada vez que publico una crítica, y ya ni leo los mensajes. Creo que ahí hay que poner una barrera. Que un artista o un seguidor te rebatan es comprensible, pero hay que guardar las formas.

Una de las razones por las que hago divulgación musical es la necesidad de dialogar con gente de gustos afines a los míos. En mi entorno no puedo hablar con amigos y gente cercana de los discos que me gustan, y es una de las razones por las que estoy crónicamente en internet: por la necesidad de hablar con gente sobre la música que me gusta o sobre la que no me gusta. Por eso, cuando alguien me deja un comentario en un post de Instagram, a favor o en contra, me gusta iniciar un diálogo con esa persona. Es algo que no hacen todos los críticos: muchos lanzan la crítica y luego no establecen un diálogo ni un debate con sus seguidores. A mí me gusta hacerlo.

Dices que los medios españoles giran casi solo en torno a entrevistas y que casi no hay debate sobre lanzamientos. ¿De quién es la responsabilidad: de los medios, de los artistas o del público que consume lo que le gusta oír?

Yo opino que cualquier persona que se dedique a divulgar tiene que conocer muy bien la materia de la que habla. En la música, que es lo que nos compete, eso ha dejado de ocurrir por dos razones.

La primera es la democratización del acceso a la música con Spotify: tienes todos los discos a un clic. Además, la mayoría lo usa en su versión gratuita, a 128 kbps, pero eso es otra historia. Antes tenías que encender el ordenador, meterte en eMule o en cualquier web de descargas, bajarte el disco, descomprimirlo y pasar los MP3 al reproductor o al iPod, o ir a una tienda a comprar el CD.

La segunda es la democratización de emitir una opinión. Antes tenías que encender el ordenador, registrarte en un foro, entrar en el subforo, leer los mensajes y escribir tu opinión del disco. Eso requería tiempo. Ahora, con Twitter o con TikTok, cualquiera emite cualquier opinión.

Antes la conversación musical la tenía solo el perfil del friki de la música, el que compraba discos, vinilos, etcétera. Ahora cualquier persona escucha cualquier disco y emite cualquier tipo de opinión.

¿Qué coherencia le exiges a quien opina en público? Dices “no soy periodista” y citas a Orwell: lo demás son relaciones públicas. Hay quien prefiere reivindicarse como bufón, ni periodista ni propagandista. ¿Qué papel te queda? Y si el mundo puede seguir perfectamente sin tu crítica, ¿para qué la haces y qué le debes al lector?

El papel que me queda es seguir escribiendo de manera honesta, transparente y con una mirada crítica.

Lo he hablado con colegas que también se dedican a esto. Nos tomamos la crítica muy en serio porque es nuestra pasión, pero conviene tomar cierta distancia de vez en cuando. Lo que hacemos es importante, pero al final es secundario. Lo más importante es la música. La canción más floja de Ayax y Prok o de Natos y Waor va a calar más en la gente que el mejor texto que podamos escribir, y eso es así. La música es lo que se queda dentro de la gente. Cuando dejemos de divulgar o de hacer críticas, muy poca gente se acordará de nuestro trabajo. Ya ha pasado, y se ve con divulgadores que lo han dejado.

Sigo haciendo crítica musical y divulgación porque me encanta. Como te he dicho antes, es mi mayor pasión y mi mayor hobby ahora mismo. Y lo que hago, diría que no lo está haciendo nadie más ahora mismo en España.

Al lector no le debo nada. Lo hago por mí, por diversión, y después por la cultura: por aportar un pequeño grano de arena a una cultura que tanto me ha dado y que tanto aprecio. Como no soy artista, se lo devuelvo de esta manera. En todo caso, a quienes sí les debo algo es a los suscriptores de pago de Patreon, que tienen su artículo cada semana, y de momento no se ha quejado ninguno.

PATREON DE DOC JOTA | INSTAGRAM

Cuéntanos que te ha parecido este contenido:

¿ Cuantas estrellas crees que nos merecemos ?

Este artículo tiene una media de 0 estrellas

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Ya que has encontrado útil este contenido...

¡Síguenos en redes sociales!

¡Siento que este artículo no te haya sido útil!

¡Déjame mejorar este contenido!

Dime, ¿cómo podemos mejorar este artículo?

Alejandro Serrano

About Author /

Start typing and press Enter to search